A veces viene bien quitarle polvo a la Tiza
Recapitulando...ya es todo un rito hacer esto...
Yo quería una caracola por la que se pudiera oír el mar sin estar en el mar. Un lápiz mágico que tuviese respuesta a todas las preguntas del mundo. A menudo me tumbaba en la encimera de la cocina, mi lugar favorito de la casa, porque me daba una perspectiva de mi espacio totalmente distorsionada. Eso me encantaba. Creía que era capaz de botar la pelota más tiempo que nadie. Cuando iba en el coche y veía la montaña, pensaba, en lo fácil que seria llegar corriendo al pueblo diminuto q se alumbraba en ella. Era siempre la primera a la que elegían para algún partido, fuera de lo que fuera. Creía que los niños nacían por el ombligo. Que el hipo era una cavidad oculta en nuestros pulmones en la que no te podía entrar nada que no fuese aire. Que si te ponías bizca y sonaba el reloj te quedabas así para siempre. Me encantaba tocar la guitarra con mi abuelo, el me enseño y me motivo. Siempre me decía....” Ay que Chica Santa Tecla”. Quería construir la cabaña mas alta en el árbol mas inaccesible, y una vez allí poder ver la luna mas cercana. Le tenia un miedo horrible a las tormentas, hasta tal punto que una vez, en la isla de Mallorca, se puso a llover y mi hermano me dijo que nos hundiríamos...por supuesto... le creí.
Me sabia casi todos los temas de moda. Siempre iba cantando en el coche (aun lo hago). Cuando estaba en casa, llevaba encima un pequeño mono de peluche que se llamaba Tobías. Me encantaban las escaleras de caracol. A veces, me quedaba dormida en ellas mirando hacia arriba la espiral inmensa que se elevaba encima de mi cuerpo diminuto. Nunca me aburría. Me acoplaba a mi hermana Elena y su novio, hoy marido, cada vez que iban al cine por lo cual les obligaba a ir a ver siempre películas recomendadas para menores, cosa que por otro lado les venia bien para toquetearse a pesar de que yo me sentara en medio para que al final, ya en casa, entrase por la puerta diciendo: “ mama, mama, Elena y su novio se han estado amando”....cosas de crios. Siempre llevaba los pantalones muy arriba....(como cambia el cuento, ahora los llevo arrastrando). No creía en las hadas ni en la barbie, solo en mi padre y sus juegos. Siempre me ponía mala el día de mi cumpleaños....quizá por eso ahora me guste tanto cumplirlos. Era feliz con un lápiz y un papel. Y era una autentica esnifadora de vicks vaporub....(no coments). Me quedaba atontada viendo Barrio Sésamo preguntándome siempre el por qué si Espinete iba siempre desnudo, para dormir se ponía un pijama. Crecí con Alaska y su bola de cristal, la bruja avería era la mas bruja de todas, y los electro duendes unos seres extraños a los que yo quería parecerme porque siempre estaban cantando. Me gustaba viajar, cuando Segovia me parecía una eternidad de trayecto y era el único lugar en el que veía “vaquitas”, ver una oveja era toda una experiencia religiosa. Cuando anochecía y volvíamos a casa, mi hermana me decía que las luces que se veían diminutas al fondo, eran pingüinos. Lo siento, aun lo sigo creyendo. Y siempre, siempre, siempre...detrás de esa la montaña estaba el mar. Mi, “ ¿Cuando llegamos?” o “¿Queda mucho?”...se sustituían por....”¿Dónde esta la montaña?.
Me encantaba ir desnudándome por la casa y esconderme para que mi madre me encontrara por los restos de ropa que iba dejando....reconozco que he cambiado un poco... (pero solo de persona que tiene q buscarme).
Esa era yo. Y yo, soy la que era. Nunca me gustó crecer, y daría lo que fuera por perder mi sombra y no encontrarla nunca. Conocí a Peter Pan una vez y no quiso cederme su patente de no crecimiento. Desde entonces, me cae mal sin parar.
Hoy tengo “casi” 30 años y sigo encerrada en aquella niña que se hacia una bolita en la cama y movía los pies para dormirse.